lunes, 26 de agosto de 2019

KOBRA: un pintor brasilero para el mundo (Cecilio Olivero Muñoz)


Hoy voy a hablar de KOBRA, un artista brasileño, un artista callejero fuera de lo común, al contrario que BANKSY, KOBRA si muestra su rostro, se llama Eduardo Kobra de São Paulo (Brasil), es un artista de gran talento, ha pintado en todas partes del mundo, y retratado personajes de todo el mundo. Ha pintado desde a Albert Einstein a Ana Frank, desde Martin Luther King a Diego Ribera/ Frida Kahlo, normalmente pinta murales en edificios, o sea, que es un pintor muralista, pero también ha pintado en autobuses, edificios emblemáticos y lugares extraños, reivindica un arte de vanguardia como un filtro de personajes que definen hechos y buenas virtudes. En este post publico una pequeña parte de su obra pictórica pero es inmensa. Su perfil en Instagram así lo demuestra. Ha pintado el mural más grande del mundo. Su arte es colorido, atrayente, atractivo, innovador y es un deleite para la vista. Busquen en la red a Kobra (artista Callejero), vale la pena. En estas últimas desgracias que ocurren en el mundo como lo es el incendio de la Amazonía ha pintado un mural reivindicativo. Se trata de un idealista del arte urbano, un gran pintor de talento. 




martes, 13 de agosto de 2019

Taxi Driver: un poema postmoderno (Cecilio Olivero Muñoz)


No es nada nuevo que para admiradores, cinéfilos, e intelectuales Taxi Driver sea un verdadero poema postmoderno. Su guionista, Paul Schrader, cuando la escribió estaba pasando por problemas de tipo económico y todo lo que eso conlleva, o sea, que el tipo estaba tocando fondo, situación muy habitual en estos tiempos, aunque el guión fue escrito anteriormente al año 1976 (que fue cuando se estrenó), al principio se lo mostró a Brian de Palma y le encantó, Brian de Palma se lo mostró a Martin Scorsese y éste quedó fascinado, y enseguida supo a quien ofrecerle el papel de Travis Bickle (protagonista) y se lo ofreció a Robert de Niro, hay que decir que el guionista Paul Schrader también participó en el guión de Toro Salvaje, estamos hablando de dos filmes de culto, y en los dos participaron al menos tres personajes, el guionista, el actor principal y el director, en Taxi Driver Martin Scorsese hace un papel secundario, como marido engañado por su mujer con otro hombre, la película en sí es nocturna, es una excelente visión de un Nueva York hoy tan distinto. Os recomiendo que la veáis, también Toro Salvaje, pero es en Taxi Driver donde podéis disfrutar de un clásico sin lugar a dudas. Robert de Niro está pletórico, no contaré en qué se basa la película aunque por el título ya pueden imaginarlo, no quiero destriparla, la película fue premiada con la Palma de oro en el Festival de Cannes, debo decir que el guionista Paul Schrader también tiene un hermano Guionista y director, se llama Leonard Schrader, y ha filmado títulos como Mishima y Blue collar, donde los dos hermanos han trabajado juntos. Está casado desde 1983 con la actriz Mary Berth Hurt, con la que tiene dos hijos. Pero la cuestión en sí es ¿porqué podemos llamar a la película como un poema postmoderno? La verdad es que, ambientada como está en el Nueva York de los años setenta, ¿es un poema épico postmoderno? ¿Es una panorámica poética de la sociedad moderna? Cabe recordar que sí, pues ya en los sesenta Jim Morrison del grupo californiano The Doors, escribió un poema titulado The Passenger, que el cantante Iggy Pop hizo famoso en una fantástica canción de rock, donde nos representa al hecho de ser pasajero de un coche o conducir un coche como un acto de la vida moderna, y éste poema fue escrito en los años sesenta aunque en la sociedad estadounidense ya en los cincuenta se podía considerar que el hecho de conducir tu propio automóvil (cuando más un taxi) se podía denominar como parte de la postmodernidad. En Taxi Driver también participa en el papel de prostituta Jodie Foster, y también como macarra al gran actor Harvey Keitel, también participa la atractiva (por aquel entonces) actriz Cybill Shepherd. Véanla, no se arrepentirán. 

lunes, 12 de agosto de 2019

Asalto al Banco Central (Juan A. Herdi)


Veo la reposición del documental Asalto al Banco Central (Atraco imperfecto) en la segunda cadena de la TVE este domingo 11 de agosto y reconozco que me ha producido una sensación extraña, agridulce, un tanto reflexiva sobre el tiempo transcurrido, sobre la España que fue y la España que es hoy, sobre lo que es una sociedad y también, poniéndonos un poco trascendentes, sobre cómo la Historia, o tal vez el tiempo, a la larga es lo mismo, nos cincela a cada uno de nosotros mediante nuestras propias historias particulares, siempre en contacto con lo que nos rodea. 
Recuerdo haber seguido aquel atraco con rehenes por televisión, pegado a la pantalla, con la vaga sensación de que había un magma amenazante en aquello que veía. Ocurrió tres meses después de otro hecho grave, el intento de golpe de Estado llevado a cabo por el Teniente Coronel Antonio Tejero en el mismísimo Congreso, en un año que, aun siendo yo bastante joven, apenas un crío, comenzaba a interesarme por la realidad política y social que me rodeaba, sobre todo en aquel 1981 repleto de acontecimientos graves, como lo fueron los muchos atentados que hubo durante aquellos meses, el incidente de la Caja de Juntas de Guernica, la dimisión de Suárez, la entrada antes referida de aquellos Guardias Civiles en el Parlamento y, por último, ese atraco en Barcelona. España aún no se había adherido a la Comunidad Económica Europea, las instituciones parecían tambalearse peligrosamente, la movida madrileña comenzaba a gestarse, la crisis golpeaba a los trabajadores que aún empleaban un vocabulario político de clase, aunque ya se vaticinaban algunas rendiciones, y en la calle se hablaba bastante de inseguridad y delincuencia, eran los años, no se olvide, del cine quinqui y de las bandas callejeras. 
A este último ámbito pertenecía José Juan Martínez Gómez, el Rubio, un atracador de poca monta, algo macarra y bastante rebelde –tan rebelde que hay quien le atribuyó en algún momento posiciones anarquistas– que malvivía entre atracos a comercios y bares, o a alguna sucursal bancaria de barrio –incluso en 2016 se le vinculó a un atraco en el barrio donostiarra de Egia– y que se convirtió en el líder de una banda que entró aquel sábado 23 de marzo en la sede del Banco Central ubicado nada menos que en la esquina de las Ramblas con la Plaza Cataluña. 
Lo que parecía, más que un atraco al uso, todo un golpe a una sede bancaria importante, acabó siendo un secuestro de los empleados y clientes que en mala hora se hallaban en su interior, con petición de libertad para Tejero y tres de sus adláteres, con el país de nuevo con el corazón en un puño, la Policía Nacional y la Guardia Civil, el Gobierno y los servicios de inteligencia en estado de alarma, gabinete de crisis incluido e instalado a escasos metros, en la sede del Banco de Bilbao, también en la Plaza de Cataluña.
El documental lo realiza Neus Sala en 2010. España había cambiado mucho en aquellos veintinueve años, nada era lo mismo, ni siquiera aquel edificio de la Plaza de Cataluña con la Rambla de Canaletas era ese año un banco, sino que había, y los hay hoy, unos grandes almacenes donde compran o pasan delante de él miles de personas, ya sean turistas o habitantes de la ciudad, ajenos a lo ocurrido entonces, apenas lo recuerdan ya quienes son de mediana edad, los más jóvenes ni sabrán lo que ocurrió. Se mantiene el kiosco de prensa, frente a las escaleras del metro, tras el cual se refugiaron muchos de los rehenes, y es posible que alguno de los atracadores disimulados entre ellos, aunque sólo uno de ellos logró escapar, durante aquella desbandada al día siguiente que quedará grabada en la memoria, la del aquel domingo, ya tarde, cuando se iniciaba la anochecida, unas escenas imposible de olvidar, decenas de personas saliendo a la carrera, tirándose al suelo a instancias de la policía, arrastrándose para ponerse a salvo si se abría un tiroteo.. 
Vemos en la estética de aquel periodo, estética más setentera que ochentera, con colores pálidos y estilo añejo, un mundo que ya nos resulta muy antiguo, irreconocible incluso, aun cuando recuerde hoy a la perfección aquel fin de semana, tal vez porque nosotros mismos nos sintamos a la vez los mismos pero distintos, aunque sólo sea por las muchas más posibilidades de futuro que teníamos entonces.
El asalto se saldó con un muerto, un herido, aparte de los ataques de ansiedad, y el descubrimiento expandido a diestro y siniestro de que aquella banda nada tenía que ver con tramas golpistas, ni siquiera políticas, aquello era una mera «banda de chorizos, macarras y anarquistas», en palabras del general Aramburu, aunque siempre quedó la duda, se vean todavía algunas intrigas en todo aquello y persista una aureola de misterio que surge de tanto en tanto, incluso en boca del propio Rubio.
Pero en estos nueve años desde la realización del documental ha habido también cambios. Aparecen en el documental Jordi Pujol y Narcís Serra, que aquel año del asalto eran, respectivamente, presidente de la Generalitat de Catalunya y alcalde de Barcelona, los dos laureados en su momento, considerados políticos de primera, con gran visión política y de gestión, pero ambos caídos en desgracia, el primero con una larga instrucción judicial por haber saqueado Cataluña en familia, instrucción que está acabando ahora y que dará lugar sin dudas a un juicio al clan, y el segundo acusado del cobro de sobresueldos durante su gestión de CaixaCatalunya, de lo que fue absuelto, aunque participara en ese proceso de privatización de las cajas de ahorro, que en el caso de la caja catalana llevó a su desaparición al ser absorbida por el BBVA. Nada es lo mismo, desde luego, las cosas han cambiado, es evidente, y muchos de los gigantes de entonces, nos damos cuenta ahora, tenían los pies de barro. Todo un aviso a navegantes, un recordatorio de que todo dirigente, por muy alto que se halle, no deja de ser humano, demasiado humano, de que todos somos, al fin, mortales y susceptibles de derrota.



jueves, 1 de agosto de 2019

Luis Pastor (Juan A. Herdi)


Al igual que aquellos periodistas despistados que se preguntan con aire extraño qué ha sido de los cantautores, yo me lo he vuelto a preguntar también hace apenas unos días y motivado por una lectura reciente, la de la novela Los Baldrich, de Use Lahoz, dos de cuyos personajes escuchan hasta la obsesión, incluso cuando su tiempo parecía haber pasado, a ese grupo de cantantes de la Nova Cançó catalana, que recuperó el uso de una lengua y una tradición, y la vinculó a temas de aquellos años, los sesenta y setenta tan convulsos, los ochenta y noventa más intimistas. 
También aparecieron cantautores en otros lugares de la Península, en el País Vasco, a su vez recuperando una lengua bastante reducida hasta aquellos años, limitado su uso casi a lo local, en Castilla, ligando su música a tradiciones históricas, en Andalucía y Extremadura, y no digamos en Portugal, cuya Revolución ha quedado enmarcada para siempre por una canción mítica ya, todo un himno, el Grândola Vila Morena de Zé Afonso.
¿Qué fue por tanto de todos esos cantautores a los que perdí de vista (o de oída) en un momento dado, cuando dejé de seguirles por circunstancias varias que sería largo de contar?
Y ha sido casualidad que me planteara tal pregunta justo cuando la realidad testaruda y caprichosa me ha devuelto nada menos que a Luis Pastor a primeras páginas de los informativos. Resulta que el recién nombrado equipo del Ayuntamiento de Madrid ha cancelado un concierto que estaba cerrado para el 8 de septiembre en las fiestas de Aravaca y que iba a dar con su hijo Pedro. La decisión la ha tomado el distrito y ha alegado para ello que lo que se pretende es que el concierto de ese día sea más generalista, por ello habían buscado otro grupo.
Ni qué decir tiene que la decisión ha creado no poca polémica, se habla directamente de prohibición y hay quien insinúa incluso que estos tiempos que parecen haber cambiado tanto respecto a aquel momento de censura y represión –la noche más larga, de la que hablaba Aute, en referencia a los últimos fusilamientos del franquismo– en realidad han cambiado poco. Claro que no es así, al menos lo espero, digamos a lo sumo que acechan algunos peligros, pero  el que haya levantado la polémica permite tener una mínima confianza, al tiempo que la responsable de cultura, Andrea Levy, ya ha mostrado su disconformidad con la decisión.
Sea lo que fuere, me he dado de bruces con Luis Pastor, un cantautor que me fascinó cuando lo descubrí, a mediados de los ochenta, con su voz consistente y sus letras a la vez líricas, épicas y un tanto pastoriles, si se tercia. Le escuché por primera vez en Radio3 como descubrimiento y lo vi físicamente en TVE, cuando grabó aquellas coplillas que a mí me remitían a las letras populares de otras épocas que ya por entonces tanto me interesaban.
Cuando yo lo descubrí, en los ochenta, Luis Pastor llevaba ya mucho tiempo cantando. En los sesenta había dejado su Cáceres natal y vivía en Vallecas, en la colonia Sandi. Descubre a Paco Ibáñez y con él se acerca a nuevas formas de cantar, pero también a la poesía. Versiona a principios de los setenta El niño yuntero de Miguel Hernández y la poesía estará muy presente en sus discos, desde los primeros, Fidelidad o Nacimos para ser libres, hasta En esta esquina del tiempo / Nesta esquina do tempo, en el que canta a José Saramago tanto en castellano como en portugués (no es baladí la importancia de la raya en Extremadura, región por cierto también de tradición revolucionaria, con Llerena, al sur de Badajoz, con una experiencia por lo menos importante).
Supongo que nos dejamos llevar por el debate, a todas luces inocuo, de lo nuevo y lo viejo, el arte de antaño y el arte de hogaño, y más en estos tiempos del espectáculo donde todo ha de seguir girando sin remedio. Pero no, no es cierto que las expresiones del arte, sean las que fueren, pasen (más allá de las cuestiones físicas particulares e inevitables), sino que están allí, presentes, permanentes. ¿Qué fue de los cantautores? Pues que algunos lo dejaron, cambiaron de oficio, de actividad, pero otros siguieron y allí están, entre el ruido actual ocupando su lugar y buscando nuevos vericuetos. No hay nada mejor que recordar a Bernardo de Chartres y asumir que somos enanos a hombros de gigantes, y entre esos gigantes no son pocos los cantautores. Concurren por tanto en un mismo tiempo varios estilos y formas, muchas veces en paralelo, nada más paleto que dejarse llevar por las modas.
Sea lo que fuere, la metedura de pata o el peligro acechante me ha devuelto a uno de mis cantantes predilectos que, es cierto, llevaba tiempo sin oír y espero que me sirva no sólo para recuperarlo, sino también para que a su vez Luís Pastor pueda ser descubierto por los ingenuos y los valientes de nuestro tiempo. 



lunes, 29 de julio de 2019

ÁFRICA WEB (Cecilio Olivero Muñoz)


Cientos de veces a lo largo del año miro las visitas que ha tenido esta web/blog en particular y nunca, o casi nunca encuentro un país africano como visitante de la web/blog. Ni siquiera de Guinea Ecuatorial, ya que hablan español. A veces del norte de África pero muy pocas. No es penoso, es de vergüenza. En África precisamente es donde va a parar la tecnología obsoleta que ya dejó de funcionar en países europeos. África hoy por hoy es no sólo el vertedero del mundo industrializado, sino que también es una enorme mina exterior e interior y un gigantesco campo de cultivo. Existen dos países que tienen a África como un campo de cultivo, son China e India. Éstos países ahora son potencias mundiales en el tema económico, pero no sólo eso, nosotros los europeos y Estados Unidos estamos agujereando el continente a la búsqueda insaciable de materias primas, también piedras preciosas y más y más riqueza sale de sus fronteras cerradas al tráfico humano, aunque no a la riqueza que tiene el continente. Estamos explotando el continente, expoliando su riqueza y luego no les damos asilo político ni económico tan solo para que no haya un “efecto llamada”. Aunque no sólo en ese aspecto la marginación es evidente, sino en el aspecto de Internet y las nuevas tecnologías. Y luego nos reímos si los vemos atrasados cívicamente en los países ricos, pero no entendemos la base y el porqué de sus situaciones de desmantelamiento de la tierra donde preferirían quedarse. No solamente Sudáfrica debe ser la niña mimada de el gran continente negro. Está bien que nos preocupemos por el cambio climático, pero en el mismo orden de esperanzas está la lucha contra la pobreza mundial y no hemos avanzado nada, tanto ni un aspecto como también en el otro, y el reloj va a la contra; yo sé que por muchas cosas que diga aquí ahora no voy a solucionar nada, ni tampoco con la web/blog, ni con la revista literaria digital, pero tengo conciencia de cambio, es decir, tenemos conciencia positiva en todo el aspecto de África y su necesario amparo por parte de los países ricos y prósperos, con vidas plenas; miramos problemas como el SIDA o el Ébola como algo lejano, como si no fuese cosa nuestra, y creo, que si les exigimos conciencia cívica, nos la apliquemos todos de una manera global, y no omitamos el problema para después quejarnos sobre el tema de la inmigración. Debemos tener conciencia cívica mundial. Es nuestra manera de pensar y lo creemos con convicción, de ahí nuestro pequeño grano de arena en un desierto de silencios y vacíos de espacios. Resulta que la World Wide Web no es ese sueño en el que despertarse, es una pesadilla que no parece tener fin. 

sábado, 6 de julio de 2019

las canciones de ida y vuelta (Cecilio Olivero Muñoz)


Hay dos figuras que me interesan y las dos tienen algo en común, sobre todo porque las dos cantan, componen e interpretan tras un piano. Una es cubana y la otra de Sevilla. El uno es Bola de Nieve y el otro Manuel Pareja Obregón. Bola de Nieve es un cantante que compone temas e interpreta cantares de ida y vuelta, muy conocedor del decimonónico cancionero español. Bola de Nieve es su nombre artístico, en realidad se llama Ignacio Jacinto Villa Fernández. Tiene temas como Mama Perfecta llevado por el grupo hispano francés Mano Negra a la fama en los años noventa. Hay que resaltar de que Bola de Nieve murió en 1971 en Ciudad de México, y ese tema en particular es muy conocido entre la afrocubana gente, aún hoy. Bola de Nieve tiene canciones también como Pobrecitos mis recuerdos llevado al cine por Jonás Trueba en el film Todas las canciones hablan de mí, película interesante y realizada por un director joven con cierto gusto musical. Cabe decir que su padre es Fernando Trueba, también director de cine oscarizado y gran conocedor del repertorio de “Ida y Vuelta”, ya que también ha sido productor del disco Lágrimas Negras perpetrado por Diego el Cigala y el pianista cubano Bebo Valdés. De Manuel Pareja Obregón diré que es un compositor de canciones típicas sevillanas, ósea, sevillanas. Tiene letras que son pura poesía, llevado también al cine por Carlos Saura y su film Sevillanas convertido en un documento testimonial gráfico, ya que es la última aparición en público de tres figuras flamencas: Camarón de la Isla, Paco Toronjo y el mismo Manuel Pareja Obregón; como crítica diré que a veces resulta un tanto monárquico, pero a un artista poco deben afectarle ideales y compromisos socio-políticos si éste ha hecho de su arte algo inofensivo pero con calidad, ésta vez musical y compositora. También quiero hacer hincapié en otra figura, ésta femenina, y es Nina Simone. También tiene cierto denominador común con los dos personajes descritos y también autora de canciones también de “Ida y Vuelta” pero ya en un plano anglosajón lejos de la sintonía que tienen España con Latino América. Va por ellos, por su labor pianística y compositora y el gran talento de todos los mencionados en este escrito. Escuchen música, es un deleite placentero. 

viernes, 28 de junio de 2019

Reseña literaria (por Juan A. Herdi)



Álex Oviedo
Ausentes del cielo
El Desvelo Ediciones, 2019

Decía Carlos Marx que había aprendido mucho más sobre la sociedad europea de su época en las novelas de Émile Zola que en los sesudos estudios económicos y sociológicos de su época. Sin duda se puede aplicar a cualquier momento y a cualquier grupo humano del mundo: para comprender los mecanismos sociales reales, los que afectan a la cotidianidad, hay que buscar en la literatura, en la ficción, más que en los ensayos y en los estudios académicos. Es lo que Unamuno denominaba la intrahistoria, ese decorado de la Historia (con mayúscula) que a menudo es lo esencial y tal vez lo que haya que saber de verdad para entender, al final, la realidad.
Puede que eso sea así porque la literatura busca más los cómo que los porqués y muchas veces la narrativa consigue aprehender la atmósfera, el ambiente, la cotidianidad mucho mejor que aquellos ensayos y estudios académicos tan sesudos ellos, pero que no transmiten los sentimientos cotidianos. Y lo que ocurre en la novela Ausentes del cielo, del escritor bilbaíno Álex Oviedo, es justo eso, que el lector vive la sensación de ahogo y siente la falta de sentido de una situación difícil de explicarse, la que vivió el País Vasco durante mucho tiempo, los años de enfrentamiento bronco y hostil en el que explicarse lo que ocurría, responderse a los por qué, dejó de tener sentido y la gente empezó a apañarse bajo la tensión diaria, como espectadores un tanto ajenos al conflicto. De allí que en la novela sean tan importantes los espectadores.
Todo ello nos lo lanza de pronto Álex Oviedo al convertir esa atmósfera enrarecida, asfixiante y absoluta en el personaje principal, muy por encima de los personajes que se mueven en la trama, una atmósfera que envuelve a cada uno de los personajes y los determina, convirtiéndolos en marionetas del ambiente. A veces sin necesidad de tomar conciencia de lo que cada cual hace. 
Los hechos van sucediéndose a golpe de ahogo, bajo una falta de sentido que, sin embargo, no les quita envergadura ni tensión. Por lo demás, no hay intriga, no se trata de una novela policiaca al uso con un crimen de tintes políticos que se va investigando, nada de eso, es a todas luces una novela de atmósfera, de ambiente, en última instancia una novela de identidad colectiva e individual, cuyos límites se confunden, los personajes plantean sus conflictos propios, personales, ligadas a lo colectivo, tal vez porque al final no haya frontera entre ambos ámbitos o la frontera sea tan tenue que no sabe nunca dónde se encuentra. 
De este modo, Álex Oviedo va abriendo pequeñas brechas por las que ir descubriendo ángulos de lo que fueron esos años, creando una hipótesis a partir de la cual podemos ver cómo transcurrieron los mismos. No hay valoraciones, sí en cambio juicios de valor, posiciones que determinan y acaso limitan las miradas y que no requieren de ningún por qué, de motivos, para entenderse, ni pudor para entender lo que pasa.  Es al lector a quien en realidad se dirige en un momento dado la pregunta clave, «¿Acaso usted sabe siempre por qué?» y al final uno acepta que esa atmósfera penetre en la vida cotidiana como una neblina que filtra la luz. 
Aparecen hoy novelas que tratan el tema de ese conflicto, el vasco, del que no han pasado tantos años, aun cuando parezca que hablamos de una etapa muy lejana de nuestra historia. Hoy las calles del País Vasco guardan poco parecido a las descritas en la novela de Álex Oviedo, lo cual refleja una capacidad inmensa de pasar página, a pesar de ciertos discursos políticos actuales, sin que sepamos a ciencia cierta si es bueno o malo que eso sea así. En todo caso, es de agradecer que el escritor nos mantenga en vilo al devolvernos el reflejo de un estado de ánimo difícil de asumir, una novela sin duda necesaria.


jueves, 2 de mayo de 2019

Sobre "el pianista" de Manuel Vázquez Montalbán y la mirada de la literatura (por Juan A. Herdi)


En 1985 el escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán aparcaba por un tiempo a Pepe Carvalho y publicaba «El Pianista», una novela que relata la vida de Alberto Rosell, un músico que se nos aparece al principio como de segunda fila, que toca el piano en un tugurio de las Ramblas en plena década de los ochenta, pero que a medida que avanza la historia, narrada hacia atrás en el tiempo, se nos descubre de otro modo, como un personaje de no poca grandeza moral, víctima a todas luces de unos tiempos turbios, caóticos y sin duda decepcionantes en muchos aspectos. 
Releer esta novela ahora resulta a todas luces un soplo de aire fresco, literario por supuesto y también político, cuando estamos en un momento en la política institucional sin mucha grandeza, más bien mediocre y anodino, todo hay que decirlo, y cuando llevamos varios lustros con un debate intenso sobre la memoria colectiva de los años de dictadura y transición (no me acaba de convencer lo de «memoria histórica», toda memoria colectiva es por fuerza histórica).
El relato está dividido en tres partes: la primera parte transcurre en los primeros ochenta, cuando el gobierno socialista, el primero tras el fin de la dictadura, comienza a “normalizar” el país y un grupo de amigos, antiguos militantes comunistas en la universidad que se van adaptando de manera diferente a la época, observan de formas muy distintas y contrapuestas esos nuevos tiempos mientras descubren a un Alberto Rosell anciano, pianista marginal, de tugurio, tan opuesto al presente y exitoso Luis Doria; la segunda transcurre en los complicados años de la posguerra inmediata, años de pobreza, de miseria y frustración, y que es la parte en la que Vázquez Montalbán proyecta más ternura hacia el protagonista y el resto de los personajes que le rodean; la tercera, por su parte, transcurre durante los días previos e inmediatos al 18 de julio del 36, cuando no está nada clara la situación y Alberto Rosell y sus compañeros artistas en ciernes, entre ellos Luis Doria, han de optar entre sus vidas particulares o su compromiso colectivo.
El autor barcelonés había comenzado a darle vueltas a la novela bastante tiempo antes, a inicios de los setenta, pero no fue hasta los ochenta que la escribió, en una etapa vital además muy intensa para él por su compromiso político, había entrado a formar parte del comité central del PSUC, en un momento de profunda crisis en esta organización, puesto al que renunció poco después, cuando esa crisis se extendió al conjunto del Partido Comunista de España y que le llevó casi a su desaparición institucional. Sin duda trasladó a su novela muchas de sus inquietudes políticas y éticas, también las de la propia época, en la que se normalizó el mercadeo institucional, lo ideológico pasaba a un segundo plano –se popularizó lo del «gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones»– y la ética quedaba reducida prácticamente a una asignatura de la carrera de filosofía. De ahí que la novela sea sobre todo un texto sobre perdedores y ganadores, sobre decisiones trascendentes que se han de tomar en momentos decisivos, sobre actitudes personales ante los acontecimientos y renuncias personales que tienen mucho de sacrificio personal. Algo que hoy debe de sonar extraño. 
Con un estilo además apabullante y ágil, es inevitable que su lectura nos confronte a un sinfín de cuestiones, que nos interpele en estos tiempos de “repolitización” tan extraños, poco entregados tal vez. Claro que uno no desea por ello que estalle una guerra para poder “sacar lo mejor de cada uno”, porque esto no es así, no lo fue en el 36, cuando la guerra civil española tuvo bastante de miseria moral, de venganzas siniestras, y tampoco fue en general una época heroica, con Alemania entrando en la vorágine del nazismo, la persecución racial, los campos de concentración, con los procesos de Moscú en pleno auge, lo que incentivó la delación y la persecución de toda disidencia. Aunque eso no quita a que hubiera actos y actitudes heroicas, entregas personales que no siempre, como la de Alberto Rosell, tuvieron sus recompensas. Sin duda, queda mucho por conocer, estudiar y escribir sobre toda esta época. 
En este sentido, tampoco es baladí tener en cuenta que Manuel Vázquez Montalbán, militante del PSUC, escribe, y escribe además con no poca ternura, con cariño incluso, sobre un Alberto Rosell militante del POUM, y esto tiene mucho que ver con la cuestión de la memoria colectiva, el rescate de los hechos del pasado, incluso cuando esos hechos pueden enturbiar la tradición propia, la militancia en la que uno se compromete. El enfrentamiento entre el PSUC y el POUM tuvo consecuencias trágicas, lo cita Alberto Rosell en la segunda parte, cuando de un modo sinuoso cuenta su paso por la cárcel Modelo tras los hechos de mayo del 37. Esta organización quedó prohibida por la República y sus dirigentes sufrieron tal situación, algunos desaparecieron, otros fueron encerrados en cárceles o los mataron, entre ellos a su figura más destacada, Andreu Nin. Pero además se les acusó de ser quintacolumnistas y de estar al servicio del fascismo y del nazismo. 
Luego vino el olvido, olvido por parte de la historiografía franquista –el POUM era un partido marxista, al fin y al cabo– y por la historiografía republicana, bien porque el PCE y el PSUC mantuvieron durante decenios sus acusaciones, bien porque Mayo del 37 fue un capítulo vergonzante. «El Pianista» lo sacó a la luz, de un modo indirecto, tangencial, pero desde luego no casual ni anecdótico. En 1989 el PSUC declaró su responsabilidad en la represión del 37, la falsedad de sus acusaciones y su voluntad de esclarecimiento de las consecuencias trágicas de aquellos hechos. Quiero creer que esta novela tuvo algo que ver en tal declaración. De este modo demostraríamos que la literatura tiene su papel también en la percepción de la realidad y en las miradas hacia el pasado, no siempre justas ni heroicas, que la literatura sirve también para comprendernos como sociedad e incluso para la adopción de unos gestos que limen en parte viejas asperezas y rencores.     


viernes, 1 de marzo de 2019

la taberna fantástica (Cecilio Olivero Muñoz)


Poco se habla, o tal vez poco se conoce, la gran obra de teatro La taberna fantástica de Alfonso Sastre escrita en 1966 y estrenada en 1985. Quizá sea porque el autor anduviera en sus últimos años entre “malas compañías”. Pues en sus últimos años anduvo con la izquierda abertxale, si consideran los tuercebotas que éstos son los malos; ni malos ni buenos, los ideales van en otra dirección, o a otro ritmo a la obra de un escritor o poeta, sea cual sea su raigambre o su raza. La taberna fantástica es un espejo fiel de la España analfabeta y también de su lumpemproletariado más enquistado en el norte de España, en las dos Castillas y en la Capital. Hablo en especial de la etnia de los mercheros, de los mal llamados kinkis, de aquellos que se dedicaban a hacer la quincalla, a hacer utensilios de menaje con latas y materiales fáciles en ese manejo del oficio marginal y hoy en día en desuso. Cuando hablo de mercheros también hablo de estigma social, de marginación, de jerigonza distinta, chapurrean entre el romaní y la jerga del lumpen, viven en clanes como los gitanos, y muchos son carne de presidio, y en algunos casos de reformatorio. Rafael Álvarez “El brujo” nos deleita (otra vez) con un monólogo que empieza con Mi vida es una novela y sigue en su papel de Rogelio “el hojalatero” y después sigue como colofón del monólogo el interpretado por Vicente Cuesta en el papel de “Carburo”, aunque también he visto la obra en el papel de “Carburo” a Juan Luis Galiardo; la génesis y la estructura de los dos monólogos, el de Rogelio primero y a la zaga el de Carburo, gozan de una expresión dramática que no nos deja indiferentes, refleja muy bien la vida de aquellos años de abusos y tropelías variadas contra la población más débil debido a la vida nómada y por parte de las autoridades de la época, fascistas y severas. La taberna fantástica es una brillante obra de teatro, que abre espacios para conocer tal idiosincrasia española, no es un mundo para hacer turismo ni para tomarlo con frívola distancia, pero sí relevante socialmente hablando. Hoy día los mercheros han dejado sus carros y su quincalla, algunos son afiladores, o los ves por los mercados vendiendo sillas o aparejos de cocina. Muchos son analfabetos, pero son astutos en los temas de la vida, y usan una picaresca adormecida por las vidas de confort algodonado y acolchados entreactos de modorra hipócrita como sobremesa que estamos viviendo hoy en día. Busquen en YouTube La taberna fantástica. La sugiero y anticipo luminarias de entendimiento y de conocimiento enriquecedor. Es todo un ejercicio antropológico de cómo han ido cambiando los tiempos, parafraseando a Dylan, y se sentirán con el privilegio de husmear en la vieja Europa más negra y en la huella que rastreamos aquellos que no nos conformamos con las historias de celofán y materiales sintéticos como el poliéster de gran hipermercado y rebajas de oropel, o el moderno nylon de desprecios ocasionales y decadencia que aparta y margina dentro de martingalas provenientes desde los aires de grandeza y ridícula superioridad del todo gratuita. Véanla. 

lunes, 4 de febrero de 2019

HEZUR BELTZAK (Juan A. Herdi)


Los llamaron maketos, belarrimotzak (orejas cortas) o hezurbeltzak (huesos negros) según la zona. Como ocurre hoy con los emigrantes de otros países, la historia parece repetirse una y otra vez, se denominaba así a los inmigrantes pobres que llegaban en los sesenta y setenta a las zonas industriales vascas para encontrar un trabajo en algún taller o en alguna fábrica, o en las minas o en los astilleros, casi con lo puesto, con una mano delante y otra detrás. El problema no era tanto que fuesen de fuera, sino que fueran pobres y estuviesen por debajo de quienes están más abajo del escalafón local. El poder sabe muy bien lo útil que es levantar muros que dividan a la población mayoritaria, así deja de ser mayoritaria y el enemigo pasa a ser el igual o el que está por debajo, no el que detenta el poder, nada nuevo bajo el sol. 
Procedían de Extremadura o de Castilla la mayoría, pero también de Galicia, de Asturias o de Andalucía, o de las provincias limítrofes, de Cantabria –entonces se llamaba Santander a toda la comunidad– o de La Rioja –también se conocía toda la provincia con el nombre de su capital, Logroño-, de pueblos con nombres sonoros y extraños. Hablaban un castellano un tanto diferente al que se hablaban en el país, y desde luego ellos no sabían vasco, un idioma del que apenas lograban aprender algunas palabras o determinadas expresiones muy usuales, era bastante complicado el idioma y además apenas se relacionaban con la población local, más allá de los puestos de trabajo, aunque con el tiempo todos ellos, los trabajadores vascos y los de fuera, se fueron implicando en reivindicaciones laborales, sociales y políticas, pese a mirarse con frecuencia con no poca desconfianza. 
Claro que con los hijos fueron las cosas algo diferentes. Algunos nacieron en las tierras de sus padres y llegaron muy chicos al País Vasco, pero la mayoría nació en las ciudades en las que sus padres se asentaron y en la escuela se mezclaron todos, aprendieron el vasco de su territorio y con el tiempo se introdujo el vasco estándar –el euskera batua– en la enseñanza, a medida que la Comunidad Autónoma Vasca obtenía competencias para la gestión propia. Ni qué decir tiene que, a pesar de los rumores, los estereotipos, los prejuicios, las desconfianzas, los muros mentales y culturales o los bloques en apariencia invulnerables, el nosotros y el ellos, las cosas avanzan porque todos acaban aportando lo suyo y de la mezcla surge algo diferente, nuevo, sin duda mejor, más creativo y lozano. No cabe duda de que las sociedades con componentes más variados y variopintos son más dinámicas y renovadoras, incluso cuando no están tales sociedades exentas de tensiones tribales. 
De todo esto saben bastante Jon Maia y Gorka Hermoso.
Jon Maia es bertsolari, escritor, guionista y letrista, siempre en vasco. Nació en Urretxu, pero de niño se mudó a Zumaya, también en Guipúzcoa, cuando el chaval tenía seis años y comenzó su escolarización. Sus padres procedían respectivamente de Extremadura y Zamora. Pronto debió de sentir que le atraían esas cosas del contar y de las palabras, pero además en el idioma de su entorno, aunque él mismo reconoce que de pequeño, en aquel entorno vasco, llegó a sentirse extraño, los muros estaban erigidos, aunque no siempre eran palpables. Estudió filología vasca y le dio por el bertsolarismo, ese mundo de improvisadores de versos que han de tener un dominio absoluto de la lengua, una lengua, no se olvide, con variantes dialectales muy fuertes y repleta de vericuetos y complejidades. Nada mal para alguien que en familia hablaba en castellano. 
Gorka Hermosa es acordeonista, sin duda un acordeonista reconocido que ha tocado en varios lugares del mundo, ha ganado el premio «International Composition Contes» que otorga la Confederación Mundial de Acordeonistas y ha trabajado con músicos de España y Portugal. Nació también en Urretxu, a donde llegaron sus padres desde Segovia. La música no requiere de un idioma –la música no cantada, entiéndase–, pero si posee una tradición y en el País Vasco hay una fuerte raigambre musical, de la que se empapó Gorka Hermosa, aunque no se limitó a lo local, estudió y se empapó también de otros estilos y de otras músicas, las tradicionales, sin duda la castellana, pero a su vez otros tonos y otros sones. 
En 2018 Jon Maia y Gorka Hermosa se unieron a Jesús Prieto, Pitti, un guitarrista y músico castellano nacido en Ávila, y grabaron un álbum con el título Hezurbeltzak, que es el nombre de la propia banda que conformaron y con el que, claramente, buscan reconocer y homenajear a toda esa inmigración de la que descienden los dos primeros. Como no podía ser de otra forma, la banda se presentó por primera vez en un concierto, el pasado 13 de octubre, en el barrio de Etxeberri de Zumarraga, barrio que se creó en los sesenta a partir de la llegada de aquella inmigración del sur y donde siguieron viviendo los abuelos del propio Jon Maia.
Ni que decir tiene que su música se aprovecha de una mezcolanza enorme. La música es lo que tiene, puede alardear de lo evidente que resultan las influencias mutuas y el resultado se enriquece con ello como en ninguna otra disciplina artística. A los sones vascos tradicionales, se suman el jazz, el rap, el pop e incluso una ya tradicional fusión vasco-andaluza (imposible no detenerse aquí y recordar a Sonakay, ese grupo flamenco guipuzcoano que canta en vasco). Y no dudan acompañar sus actuaciones con una estética colorida, casi un espectáculo con aquella ornamentación que nos recuerda lo que antaño se llamó café-teatro, en la que no faltan aquellas maletas viejas y acartonadas que simbolizan a toda una generación, la de sus padres, la de nuestros padres. A muchos entre su público les emocionan por cercanas las cosas que les cuentan en sus canciones.
Siempre es bueno recordar que toda sociedad es la suma de numerosas variantes, entre ellas la población que viene de fuera y que se incorpora a la cotidianidad, no sin problemas muchas veces, pero al final de un modo enriquecedor, y no sólo desde la mera contabilidad de los beneficios económicos. Hay quien, por desgracia, no lo ve y propugna discursos identitarios, incluso hace de eso una carrera política amparada en los miedos y los estereotipos. Hablan como mucho de asimilación o integración, el colmo de su pseudoprogresismo es el reconocimiento de la multiculturalidad, pero experiencias como las de hezurbeltzak nos lleva a otro ámbito, el de la mezcla directamente, el de avanzar a otro modelo social y cultural, el de dejar lugares comunes muchas veces supremacistas o  de sumisión acomplejada para ponerse a crear nuevas realidades. En eso estamos. 


viernes, 1 de febrero de 2019

el fenómeno Rosalía (Cecilio Olivero Muñoz)


Aunque el núcleo fundamental del flamenco tiene su raíz en la raza gitana y en la zona de Andalucía, en la historia del flamenco se ha demostrado que la natalidad, el chovinismo o la localidad del artista no tienen ninguna cosa que ofrecer ante el talento y el arte de la expresión flamenca. En Andalucía existen músicos como la familia de los Habichuelas (familia Carmona) en Granada, en Granada también están la saga de los Morente (Estrella, Soleá y José Enrique), tras esta riqueza de voces y músicos no sólo están grupos de rock como los Lagartija Nick (que grabaron con el maestro ya fallecido Enrique Morente su disco Omega por el que rinden pleitesía otros flamencos) que fueron la otra mitad de Omega y sus diversas actualizaciones, disco que celebra últimamente su 20# aniversario con una excelente publicación con temas inéditos del maestro granadino, con letras de Leonard Cohen, y Federico García Lorca. También hay grupos de rock con pinceladas flamencas como Los Planetas, que también son de Granada, recuerden su tema Cumpleaños Total que fue hit en su tiempo, y su disco Islamabad, de gran importancia flamenca donde hace aparición Soleá Morente. También tenemos en Granada grupos como Navajita Plateá, con el Paquete y el Negri, éstos mutaron en el grupo la Barbería del Sur, aunque cada uno de éstos ha seguido su carrera en solitario, aparte de los archiconocidos Ketama pertenecientes al clan de Los Habichuelas, que también han seguido cada uno por otros caminos. En Almería tenemos a Tomatito, en Sevilla provenientes de Jerez a Diego Carrasco y sus jóvenes flamencos, eso sin dejar de olvidar a Raimundo y Rafael Amador, de los Pata Negra y del barrio marginal Las Tresmil. También están voces como Kiko Veneno, Martirio, sin dejar el cabo sin atar importantísimo de los Montoya (recordando a Lole y Manuel, y la madre de Lole: La Negra), también Remedios Amaya, Falete y el fallecido recientemente Chiquetete. Existen otros cantaores, artistas, tocaores y bailaores en Andalucía. Si nos vamos a Jerez de la Frontera tenemos a cantaores maravillosos, gitanos de fundamento, recordemos los versos de Lorca sobre la ciudad de Jerez: ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te ve y no te recuerda? En Jerez están actualmente Jesús Méndez, Paco Casares (Gasolina hijo), José Mercé, y al toque de Moraito Chico (ya fallecido) heredero de éste su hijo Diego del Morao, el Niño Jeros o Diego Amaya. Pero aparte de los flamencos “ortodoxos” de Jerez hay fusionadores del arte flamenco como Tomasito o El Canijo de Jerez, del grupo Los Delincuentes. También está Cádiz, deléitense sí no con la Niña Pastori. Huelva también tiene su soniquete, pero lo que más suena por esa zona es el Fandango, proveniente de Huelva, existen diversas variedades, ya que cada pueblo tiene su peculiar Fandango. Recordemos al Cabrero, sus cantes reivindican una Andalucía de señoritos y despojada de sus tierras, pero éste es de un pueblo sevillano. Aunque sí nos desplazamos al norte de España tenemos la Capital, un cantaor como Arcángel (Huelva) o Potito (Sevilla) provenientes de Andalucía han hecho grandes cosas en la Capital que sigue siendo la verdadera fuente del folclore de España y su quinta esencia en cualquier expresión española. Potito hizo una breve aparición en la película Pactar con el Diablo, con Al Pacino como coprotagonista. También tenemos en YouTube la famosa actuación de Miguel Poveda, catalán, de Badalona, pero famoso en toda España con su espectáculo llevado al gran Teatro Real. De tierras catalanas es Maite Martín. Pero sin irnos de Madrid tenemos que acordarnos de Diego el Cigala, y su gran disco Lágrimas Negras, junto con el pianista cubano Bebo Valdés. Pero si nos desplazamos a Cataluña tenemos un fenómeno ganadora de Grammys y protagonista de vídeos como lo es Rosalía, de Rosalía se ha dicho mucho y se seguirá diciendo. Unas palabras que la definen son innovación y talento,  precursora, y con fuerte personalidad propia. En Cataluña existen otros cantaores y tocaores, no sólo Maite, Miguel y Rosalía. Existe el excelente Cantaor Duquende, de Sabadell, y los hermanos Cañizares al toque, también está el peculiar y espectacular músico de culto Muchachito Bombo Infierno. Y si cruzamos el Mediterráneo tenemos a Concha Buika en Palma de Mallorca, producida por Javier Limón, productor de voces femeninas del panorama flamenco. Pero retomando el tema de Rosalía se debe considerar que es un hito, ya que ha internacionalizado el cante flamenco y haciéndolo Flamenco-Pop, está llenando estadios, ha actuado en el Primavera Sound, sus vídeos atestiguan su carácter innovador sin perder las raíces por antonomasia más flamencas. Ha actuado en Madrid, en CasaPatas, y ella es de un pueblito catalán llamado San Esteve de Sas Roviras, catalana de padre y madre, ya que se llama Rosalía Vila Tobella, y lo más importante, de ella se están diciendo cosas como que es una vieja cantando, dicho esto por Pepe Habichuela, guitarrista flamenco importantísimo en el panorama actual. Rememora su voz a Antonio Molina por esos requiebros y esas notas sostenidas salidas de su joven garganta, su voz recuerda a cantaores viejos, como la Niña de los Peines. Escuchen a Rosalía, una flamenca que puede ser artista pop y no dejar atrás su estilo flamenco. Escuchen sus personales temas La Hija de Juan Simón, Catalina, y el tema del maestro Morente transformado por ella Aunque era de Noche, pocas cantaoras se definen con esa personalísima voz y esa manera de hacer en un escenario. Sus conciertos con el guitarra/productor Raül Refree son excelentes, el guitarrista toca un flamenco con ritmos que recuerdan a los de la música electrónica, también ayuda a su peculiaridad flamenca esa personalísima manera de tocar, es un gran productor musical que ha producido también a Silvia Pérez Cruz, también catalana y una cantante de excepcional talento, un gran disco protagonizado por ambos es Granada, recomiendo la versión especial. Tampoco quería dejar en el tintero al Niño de Elche y su peculiar forma de hacer flamenco, él lo llama heterodoxo, para callar las bocas que lo sacan de la vertiente flamenca tradicional, tiene temas como El Comunista y Nadie que valen la pena echarles oído. También hay un cantante interesante dentro de las entretelas flamencas o que fusionan el flamenco, este músico es Miguel Campello Chatarrero, un cantante proveniente del grupo de flamenco-rock El Bicho. Ante todo escuchen a todos los grandes músicos aquí citados, pero sobre todo escuchen a Rosalía, vale la pena oírla. Tiene reminiscencias antiguas, sonidos conocidos, sonidos ya olvidados, es una expresión personalísima y el toque de la guitarra de Raül Refree no se define como un palo flamenco al que atribuirle una característica y/o etiqueta tradicional flamenca. A mí parecer creo que están haciendo un flamenco revolucionario. 

lunes, 28 de enero de 2019

Artículo sobre novela (Juan A. Herdi)


Cecilio Olivero Muñoz
Cibernética Esperanza (capplannetta.com)
Senzala Colectivo Editorial

«Todo ocurre por una razón que no entendemos», afirma el narrador del relato en un momento dado, cuando ya tenemos una idea clara del camino recorrido por el protagonista, Casimiro Oquedo Medrado. Tal vez por ello, porque se nos escapa el porqué de las cosas, lo que motiva los hechos y quizá el sentido de la vida, no hay excusas o voluntad de justificarse, simple y llanamente hay una descripción de escenas que componen una vida, unos retazos que se van sucediendo de un modo aleatorio. 
Tampoco hay por parte del protagonista un acto desesperado de rebeldía, no se rebela, no lanza una diatriba contra su vida ni por los hechos que se producen en ella, no hay un grito de angustia por todo ese sinsentido que le envuelve a él, a su narrador, pero también a su autor y en definitiva a todos nosotros, lectores y no lectores. Si le encierran en un centro psiquiátrico, vale; si le dan el alta y lo sacan de ahí, también vale. Así es la vida, al fin y al cabo. La vida de ahora, hay que precisar. A veces somos meras piezas de un rompecabezas que desconocemos y el componedor del rompecabezas va ensamblando las piezas que tampoco tienen un lugar único en el conjunto. 
Por ello quizá haya que leer este libro -¿Novela?¿Colección de relatos o de retazos que tienen su independencia narrativa respecto al conjunto?¿Biografía?¿Confesión?¿Tratado de la realidad? Hay que recordar que estamos en el tiempo de la no definición–, porque muestra una nueva actitud ante la vida, ya no es el grito ante Dios o ante la Historia, es simple y llanamente la descripción de lo que ocurre sin más, ni siquiera hay un objetivo, o puede que el objetivo sea la propia escritura. Ya que no podemos entender la razón de las cosas, escribimos y leemos porque sí, sin más, sin ni siquiera la intención de buscar un cierto orden. 
Estamos ante un nuevo modo de entender la realidad y por ende la escritura. La tecnología, sin duda, ha cambiado la forma de mirar y de sentir, nos ha individualizado aún más, pero no para ayudarnos a determinar más el yo, sea esto lo que fuere, sino para aumentar más nuestra soledad, la desnudez de nuestras vidas, la impotencia ante tanto caos. Sí, nos seguimos relacionando, es verdad que nos reunimos con otras personas para hablar de libros, de política o de fútbol, nos casamos, nos liamos, nos divorciamos, formamos familias u otras formas de relación o acabamos buscando salidas terapéuticas –psiquiatras, psicólogos, escritura, reflexión, arte–, como se ha hecho toda la vida, pero ahora todo es de forma diferente. Tal vez lo que nos falta es lo antes referido, el acto de rebeldía, ese acto de miedo o de revuelta de Caín ante su destino que, sin embargo, asume. Ya no creemos ni en la revolución, ni en la democracia, ni en la tribu, ni en nada. Estamos solos con nuestra propia soledad. Quizá nunca la soledad fue tan evidente como en nuestra época, cuando vivimos en grandes ciudades y tomamos el metro junto a miles de personas, pero cada cual atiende solo a su teléfono multifunciones. Cibernética soledad.
Tal vez por ello hay que leer este libro, el personaje que deambula por sus páginas es un reflejo de lo que somos, y esto es lo que une el relato a una luenga tradición, la de la literatura como espejo. Mientras, no es baladí, el título nos brinda la existencia de alguna esperanza pese a todo, aunque sea una esperanza cibernética.