lunes, 20 de julio de 2020

Juan Marsé (In Memoriam)

La noticia de su muerte nos ha abrumado por tratarse sin lugar a dudas de uno de los mejores escritores en lengua castellana, aunque como manda el tópico, pero tópico cierto, nos queda su obra, una obra inmensa en la que la memoria, la ternura con los derrotados y una ciudad como trasfondo fueron sus piedras angulares. Pero además Juan Marsé representaba para muchos de nosotros un ideal de escritor, por completo ajeno en esta sociedad del espectáculo a las bambalinas que de tanto en tanto asoman con más fuerza que la propia literatura. Con él no pasaba, le importaba la literatura, tanto que experimentó y no quedó encasillado en una misma fórmula hasta la saciedad. Y esto no hay nada que lo pueda suplir. Experimentó incluso a sabiendas de que eso le podía suponer no poder publicar en tiempo de censuras, lo que le ocurrió con Si te dije que caí, consciente mientras la escribía de que no la podría publicar en España. Pero tuvo recursos: en su caso por amistad y por generación consiguió publicar en México, fuera de las zarpas de la censura oficial, institución nefasta donde las haya.
No en vano, Juan Marsé vivió en un tiempo y una ciudad en las que las dos orillas de lengua castellana se reencontraron de la mejor manera, sin invasiones ni guerras, sólo a través de la escritura, de la ficción, de una narrativa con garra. Tal vez tendríamos que incorporar al boom –qué malo la etiqueta, seguimos pensando muchos– a escritores, críticos y editores de este lado: Vázquez Montalbán, Gil de Biedma, Carlos Barral, Castellet, Gabriel Ferrater, el propio Juan Marsé, también por cercanía a este grupo de Barcelona, Juan García Hortelano, desde luego, no podemos desligar de Marsé al grupo de escritores que compartieron con él época, letras y en muchos casos amistad. Escritores latinoamericanos y españoles fueron en ese momento magníficos contadores de historias, escritores rigurosos con el lenguaje, recolectores de la memoria, creadores de personajes con una fuerza inmensa. Ni qué decir tiene que cuando hablamos de personajes literarios surge el Pijoaparte, pero no sólo existe este arquetipo ya de los barrios periféricos: en todas las novelas de este autor los personajes atrapan, tienen garra, entusiasman, emocionan.

Pero además Juan Marsé consiguió convertir amplias zonas de Barcelona en un personaje más. El norte del barrio de Gracia, la Salut, el Guinardó o El Carmelo, la calle Legalidad, el Cottolengo, la plaza Rovira con cine incorporado, el bar Alaska o el Delicias, la calle Camelias, entre otros, aparecen en sus relatos, en sus aventis, de un modo tan visual que el lector, aun cuando no conozca estos rincones, los puede imaginar entre líneas. Tiene que ver sin duda con el realismo de su obra, que no quita del disfrute de su prosa, con ese juego de palabras o de tiempos verbales que le permitió construir siempre unos magníficos juguetes literarios.
Hemos perdido a uno de los grandes escritores. Pérez-Reverte lo ha calificado de clásico de las letras. Sin duda, con toda la razón. A todas luces, es uno de los escritores esenciales en muchos sentidos.

viernes, 3 de julio de 2020

el VHS en tiempos del in streaming (Cecilio Olivero Muñoz)

Cuando apareció el vídeo VHS fue todo un impacto social, recuerdo que fue tal repercusión la que tuvo el vídeo que hasta compusieron una canción, no la he encontrado por Google, pero la canción relataba lo alucinante de tener un vídeo doméstico en casa. Los había en tres formatos, VHS, Beta, y 2000, al final fue el VHS quien se llevó el gato al agua, fabricado éste por la marca JVC. Los Betamax eran unas cintas pequeñas fabricadas por SONY. Y los 2000 eran reversibles y era el formato que hacía competencia a los demás fabricado por Philips y Grundig. Éstos se podían visualizar por las dos caras, como una cassette de pletina musical. Con el VHS las películas pornográficas eran todas de los países nórdicos, salvo alguna que otra de la Alemania democrática o de Estados Unidos. El auge del vídeo fue en los años ochenta, por lo que eran frecuentes películas de Silvester Stallone, Chuck Norris en cine hollywoodiense o Andrés Pajares y Fernando Esteso en el caso del cine español, pero en los noventa era su época dorada con una gran variedad de cine de cualquier nacionalidad, ya que gracias a la ley de Pilar Miró en los ochenta el cine en España tomó un carácter de cultura seria y desaparecieron las películas de cine español malo de los ochenta, al mismo tiempo desapareció también el Teatro Chino de Manolita Chen, que era el cabaret de los pobres, justamente en 1986, o sea, toda la época del destape en tiempos de dictadura y transición hacia la democracia se fue al garete. 
A partir de entrar en el nuevo milenio ya empezaron a cerrar los videoclubs y se creía que éstos iban a perdurar, debido al DVD, o el Blu-Ray, pero no, con Internet el mercado del vídeo cayó en picado, las películas DVD empezaron a devaluarse y el mundo del cine entró en crisis del gremio de cines, medios cinematográficos, y casi toda la industria se hundió hasta que aparecieron las plataformas In Streaming, en cuyas plataformas por una cantidad mensual puedes visualizar todo el cine del mundo, cada productora cinematográfica tiene su propia plataforma de cine en Internet. En fin, que hemos pasado una transición entre lo analógico a lo digital que también se ha dado en la música, digamos que la cosa ha ido in crescendo, hasta ahora. Ahora todo se ha democratizado, estamos en el consumo del ocio o cultura de masas y está todo como los mercados, son las consecuencias de esta sociedad consumista y neoliberal/capitalista.