domingo, 24 de enero de 2021

Detalles artísticos acerca del cine (Cecilio Olivero Muñoz)



En primer lugar, debo partir del hecho de que en el cine existen  imágenes fijas e imágenes en movimiento. Las imágenes fijas poseen la característica de que pueden realizarse dentro del set de rodaje o fuera de este. Las imágenes fijas dan buen resultado cuando llegan a ser parte de la escenificación poética que se quiera plasmar en la película. A la hora de montar la película se incluyen entre las imágenes en movimiento, según transcurra la historia. Digamos que son parte del rodaje, y en el montaje van entrelazadas según lo requiera el guión. Por eso dirán tal vez, que uno de los ingredientes más importantes en una película son el montaje, otros pueden decir que es el guión. Los directores artísticos se dedican, no solo a incluir un decorado que vaya acorde con la historia en sí, también son los que se encargan, junto con el director de fotografía, de encontrar imágenes fijas que vayan  acordes con la secuencia y que éstas le den al film cierta poética, fotograma a fotograma. Digamos que la imagen fija es el atrezzo poético o alegórico que se le quiera procurar a la secuencia. Es el detalle que vemos como parte de la historia que se pretende contar, pero es como otro personaje más, además de los que se filma en cada escena, ya que sin su poesía le faltaría esa manera de contar donde los detalles nos aportan algo más a lo ya dicho por el director.


 Es totalmente distinto el detalle en literatura que en el cine, ya que en la literatura sobrecargar la historia con detalles descriptivos eclipsan la imaginación del lector, mientras que en cinematografía aportan su lado poético y enriquecen el ambiente al unísono de música o efectos especiales, que son otras herramientas importantes para grabar una historia. Un director de cine que tiene su propio criterio a la hora de escoger imágenes fijas, músicas, efectos especiales, y elementos decorativos, ese es sin duda Pedro Almodóvar. El cine de Almodóvar está repleto de detalles inspiradores haciendo hincapié en recursos como decorados con reminiscencias de los años setenta, como también adornos pop, o también simbología kitsch. En el cine de José Luis Guerín encontramos cotidianidad y recursos propios del cine realista, que es su manera de hacer cine, improvisa constantemente.




 Dos directores ya fallecidos aportan el detalle de imágenes fijas dentro de perspectivas poéticas: Eloy De la Iglesia e Iván Zulueta. El primero en su película El Pico, rodada en la ciudad del Bilbao de los 80, mientras que el coprotagonista (Urko) está sufriendo una sobredosis, Eloy, muy astutamente, utiliza imágenes fijas del decorado donde tiene lugar la escena utilizando a estereotipos del cine y la mitología cinematográfica, todo ello en imágenes fijas entrelazadas con la escena del suceso. También Iván Zulueta utiliza recursos pop de los años 80, y los escenifica entre imágenes en movimiento; utiliza imágenes que en aquella época están plasmadas debido a la cultura pop y sus influencias musicales. 


También se utilizan las imágenes fijas en los documentales como ingredientes enriquecedores para hablar del personaje. Se filman imágenes en movimiento, por ejemplo, dando un repaso por la biblioteca del protagonista del documental. Se utilizan también planos de imágenes fijas como por ejemplo cuadros, adornos del hogar, o elementos que nos ayuden a embellecer el guión que se pretende llevar a cabo, y por ende, el hecho de llevar a buen puerto una historia según sea el documental. Imágenes fijas o en movimiento que enriquecen la historia, entre declaraciones de los diversos testimonios, tanto de unos como de otros. Llevar a cabo un rodaje es contemplar como útiles el hecho de utilizar herramientas. Por eso se aprende de los directores de la película, aunque también de la dirección artística y la dirección fotográfica. Todo en el cine es un compendio de recursos que llevan a buen término a la hora de contar una historia con verosimilitud. Muchísimos directores hay que son grandes maestros en imágenes fijas como detalle adicional, y han hecho cátedra. 


viernes, 15 de enero de 2021

Reflexiones de una ondjundju-La casa de la palabra-Juliana Mbengono



LA CASA DE LA PALABRA


Ekomo, la ob aclamada como la primera novela escrita por una mujer ecuatoguineana, María Nsue, comienza precisamente ahí: en la casa de la palabra, donde se está juzgando a una mujer adúltera.

Los annoboneses la llaman Vidjil y sus variedades dependen de los integrantes; los fang la llaman abaha, pudiendo añadirle algún adjetivo como bitom (problemas), mintie (conflictos, entre dos personas o más) o Modjo (asuntos o cuestiones que se debe resolver), dependiendo del caso que se esté resolviendo en un determinado momento; los bubis la llaman wetya y la podemos encontrar en muchos pueblos africanos.

¿Qué pasa cuando en una aldea hay un problema que no se ha podido resolver entre dos? ¿El jefe de poblado toma la decisión final sin más y esta se ejecuta a rajatabla? No. Los pueblos de Guinea Ecuatorial tienen parlamentos, igual de machistas que los occidentales del siglo pasado, pero reconocidos como cortes supremas en las aldeas.

En la casa de la palabra, los ancianos del pueblo se informan, opinan y debaten. El orden de informar, opinar y debatir es muy importante: si no hay información no se tiene un tema sobre el que opinar y sin la diversidad de opiniones no habrá debate. Por lo tanto, se escucha primero y se deja al otro hablar para debatir después; para dictar sentencia en contra o a favor de algún acusado o de alguna acusada. 

Es un parlamento-recreativo, es el espacio de reunión de los hombres adultos y responsables. Es el espacio público reservado para que se reúnan diariamente, para beber vino de palma y mascar nueces de cola mientras comparten las experiencias vividas en la soledad de sus faenas en el bosque.

Y alguien se preguntará si los hombres nunca salen del pueblo juntos para trabajar en el bosque o en el mar; sí, salen juntos y se separan en algún punto del camino con la condición de encontrarse en el mismo u otro a cierta hora, si alguno llegara antes que el otro, dejará una señal para que su compañero sepa que ya se fue. 

El hombre fang es solitario en su trabajo: pesca solo, caza solo, limpia la maleza de las fincas solo y sólo en el abaha y en el rio convive con otros hombres del poblado.

¿Qué diré de los annoboneses que se levantan cada mañana a ver lo que pasa en el mar? El hombre annobonés sabe que la casa de la palabra es la comunidad, donde se decide por los intereses de TODOS. Si algún día desobedeciera la sentencia dictada en el vidjil ¿Quién le ayudaría a estirar su cayuco del mar? Ningún hombre se levantaría del vidjil para ayudarle a sacar la pesca del agua ¿quién soportaría vivir excluido en una isla tan pequeña como Annobón? No hace falta estar encarcelado, con la exclusión del vidjil bastaría para sentirse encarcelado.

Desde el vidjil se controla lo que pasa en el pueblo y en el mar. En el vidjil se recibe consejos para los problemas del lecho conyugal.




Una gran muestra de humildad en la casa de la palabra annobonesa es que, cuando en una determinada no se logra solucionar un problema, no se duda en acudir al resto de asociaciones o parlamentos pidiendo ayuda.

Lejos del espíritu egoísta y de los gobiernos que se conoce en la actualidad, los pueblos africanos tenían una idea sobre la democracia que, probablemente, se habría desarrollado con el tiempo logrando crear sociedades más justas y racionales.

Los presidentes de los vidjiles saben que presidiendo bien o mal, después de un determinado tiempo, deben cederle el lugar a otro y recibir los agradecimientos del pueblo por su trabajo.

Curiosamente, aunque las casas de la palabra sigan siendo la mayor institución de poder en las aldeas, todavía no han considerado integrar a las mujeres y los jóvenes. Y aunque el pueblo fang contaba con otras instituciones como el duma, donde sólo podían participar mujeres mayores; y el ngun, donde participaban mujeres y hombres jóvenes, estos no podrían enfrentarse al abaha. E igualmente, entre los annoboneses existe el vidjil cuatro Cayucos, donde los jóvenes pueden debatir y hablar sobre temas sociales y todo lo que les interese y que crean que pueden llegar a mejorar, pero este también está controlado de algún modo por los ancianos.

Las decisiones de la casa de palabra, tomadas por unos cuantos hombres, afectan a todos y, por lo tanto, todos acuden a las sesiones cuando se está tratando un tema de interés. Al igual que en la portada de la obra “Las mujeres hablan mucho y mal”, de Trifonia Melibea, veremos a los ancianos sentados dentro de la casa de la palabra decidiendo sobre la vida o el futuro de todos o de un particular, alrededor de ellos estarán unos cuantos hombres no tan jóvenes; y fuera, pegados a las paredes, estarán las mujeres y los niños enterándose de todo como quienes escuchan tras la puerta.

La palabra de la mujer no queda completamente excluida de la casa de la palabra, es ella misma la que está excluida. Su presencia es aceptada cuando debe declarar como testigo o cuando está implicada en un caso y es imprescindible que su versión sea conocida por el público, su palabra también llega a la casa de la palabra a través de su pareja o de algún hombre que la pueda representar, aunque esto implica que debe olvidarse de los méritos. 


Fuentes: Nánãy-Menemôl Lêdjam, Celso Celestino Moro.

martes, 12 de enero de 2021

Anecdotario en la Tierra-Santiago de Cuba-Bertha Caridad



Cuando el amor es bien plantado en lo profundo del ser...


Se esparce la alegría en el corazón, así me han catalogado los que me conocen, alegre; yo me considero una soñadora, creyente en el poder transformador del amor y con la cabeza a veces... por las nubes, que le ha gustado mostrar las rosas y esconder las espinas, como decía mi suegro, un señor de campo, que vivió cien años, con pocos estudios, por no decir ninguno, pero con grandes conocimientos de la vida, del amor, fíjense si fue así que se casó a los cuarenta y dos años con una bella joven de dieciocho, la conquistó cuando ya había recorrido los campos en su pequeño batey, siempre muy perfumado, en traje, montado en su caballo, ¡no se asombre! En aquellos tiempos las personas de campo usaban traje para ir a las fiestas, y el transporte era el caballo (así lo contaba él), daba gusto escuchar sus historias con las maldades propias de la juventud. A esa edad, con más de cuarenta y dos años, decidió formar su familia y comenzó a tener hijos. Por falta de uno, tuvo siete, en esos años, los matrimonios tenían varios hijos, mi esposo es el mayor de ellos. Mi suegro vivió feliz, al menos eso demostraba, cantando, tocando su instrumento de cuerda (laúd), cantando décimas, enamorando a todos con su música, así vivió, amando a su familia y trabajando en el campo, hasta que cumplió los ochenta, y en tantos años no fue hipertenso, ni diabético, ni padeció  ninguna de esas enfermedades de estos tiempos modernos. Él siempre decía... lo de las espinas y yo, aprendí mucho de él; de cierta manera, he andado mi vida así, regalando rosas a toda persona que se ha cruzado en mi camino, por eso dicen que soy alegre, otros que soy optimista. Cuando no puedo regalar rosas, porque las espinas están a flor de piel, me recojo, hasta que lleguen nuevos retoños y de nuevo, ¡regalo rosas! 


Así vivo, llena de orgullo y de amor en mi pequeña isla, donde en el invierno calienta tanto el sol como en el verano, donde las personas son de un corazón inmenso, son amistosas, alegres, les gusta bailar, tomar ron y fumar los mejores tabacos, según dicen los fumadores. 

Se caracterizan por inventar un chiste de «cualquier cosa», donde surge un problema nace un chiste; son muy dicharacheros y en cualquier celebración familiar, no falta el cerdo, arroz moro, yuca, tostones, ensaladas, ¡olvidaba! Los ricos tamales y además, la mesa con el dominó. Y en ese horario de la tarde, cuando apetece la tacita de café calentito, gritan de balcón a balcón... vecina cruza que ¡voy a colar café! Y si alguien no tiene pan y el otro lo tiene, lo parte a la mitad o al tercio o al cuarto, pero todos le damos una mordida a ese trozo de pan.

sábado, 9 de enero de 2021

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)



Jimena Canales

El físico y el filósofo

Arpa, 2020


La tarde del 6 de abril de 1922 la Sociedad de Filosofía de París auspició un debate en la capital francesa que reunió, y enfrentó, al físico Albert Einstein y al filósofo Henri Bergson. El tema fue sobre todo el tiempo, el tiempo del universo y el tiempo de nuestras vidas, sobre lo cual ambas personalidades tenían concepciones confrontadas. Ese encuentro creó una polémica que fue determinante a lo largo de todo el siglo XX y que tuvo consecuencias no sólo en la física o en la filosofía, sino que afectó a otros muchos ámbitos, incluido el artístico y el político. Pero además ese debate supuso una escisión entre la física y la filosofía, algo que había ido de la mano a lo largo de la historia, y por extensión creó la separación entre ciencias y humanidades que nos ha llegado hasta hoy, tan empobrecedora.   

La historiadora de la ciencia e investigadora Jimena Canales parte de ese enfrentamiento en su libro El físico y el filósofo para explicarnos los contenidos del debate y sus polémicas encendidas que enfrentó a la comunidad científica con la filosófica, también a científicos y filósofos entre sí. El tema tuvo sus repercusiones en el arte y la mirada que proyectaba sobre la realidad y el tiempo, incluso incidió en la ciencia ficción de mediados del siglo XX.

Dividido en cuatro bloques, la autora nos hilvana con destreza muchos aspectos de esta polémica y sus consecuencias, pero también nos presenta las discusiones paralelas que se dieron en todo el mundo a raíz del enfrentamiento entre ambos hombres. Nos lo presenta además con claridad, sin que los conceptos científicos ni los filosóficos, a veces arduos, obstaculicen la comprensión de la polémica en cuestión, incluso invita a profundizar en ella. El epílogo, por su parte, refiere brevemente la continuidad del debate tras las respectivas muertes de Bergson y de Einstein y las nuevas sendas sobre las que se desarrolla y avanza la reflexión. 

Se trata en definitiva un excelente texto para superar esa escisión de los saberes, división esta que la propia realidad del año 2020 nos ha mostrado que es absolutamente errada y que hemos de contemplar en consecuencia la ciencia y las humanidades como complementarias para atender en toda su envergadura cualquier aspecto de la vida.  

sábado, 2 de enero de 2021

Reflexiones de una ondjundju-¿Un año más o un año menos?-Juliana Mbengono



¿UN AÑO MÁS O UN AÑO MENOS?


Al echar la vista atrás, descubro que la depresión que intenta apoderarse de mí a medida que se acercan las navidades no es nada nuevo, hace unos cinco o seis años que me visita. La alegría colectiva de esos momentos siempre me deja confusa, me parece forzada y excesiva. No tengo claro si debo festejar un año más por vivir u otro año vivido; tampoco sé si debo reflexionar sobre un año de planes sin cumplir o si debo sentarme a planificarme otro año e intentar cumplir esta vez. En todo caso, con o sin Covid, me paso las navidades en casa con los niños y el ordenador; leyendo o durmiendo; hasta que se acaben los ruidos y todo vuelva a la normalidad.

A pesar de las medidas de restricción para prevenir el Covid, mis vecinos están de juerga con la música a tope desde el día 21. En casa, mis hermanos pequeños corren desnudos de un lado a otro cada vez que les piden que se bañen… hay alegría y risas por todas partes, eso es genial. Todo es como el inicio de una película sobre el espíritu de navidad y, en efecto, yo debo ser la desalmada que no tiene espíritu navideño, pero disfruto de este día como cualquier otro.

La diferencia entre la película del espíritu navideño y la realidad es que: al cabo de dieciocho años, los niños de la película podrán tener sus vidas casi hechas y a los veintipocos estarán trabajando con un salario digno; mientras que los niños que corren desnudos en la vida real quizás tendrán que seguir estudiando a los veintipocos para acabar el bachillerato y trabajando a media jornada o sobreviviendo con destajos. Su infancia no terminará con la entrega de un apartamento al entrar en la universidad. No, la infancia real de muchos se acabará sin que ellos se den cuenta y cuando lo hagan, probablemente hayan repetido uno o más cursos o se hayan conformado con un trabajo miserable para sobrevivir.

Como dice Brian Tracy, todos, absolutamente todos, al llegar a los dieciocho años, debemos saltar el gran valle para salir de la infancia a la madurez y no hay excusas que valgan. Quienes no se esfuerzan lo suficiente acaban en el abismo de las quejas y los lamentos. Y, observando el contexto social, político y económico de muchos países africanos y otros alrededor del mundo; donde uno empieza la edad adulta con cero ahorros, los cargos públicos y los empleos se consiguen por nepotismo, y para sacar un proyecto adelante debes hacerle la pelota a medio mundo y venderle tu alma al diablo; está claro que unos debemos esforzarnos más que otros, pero no hay excusas que valgan.

¿Un año más o un año menos? De pequeña, quería cumplir dieciocho para ser independiente, salir de casa y hacer solamente lo que me dé la gana. La gente me decía que no es tan fácil… Yo me decía que soy diferente, que mi caso no tiene por qué ser como el resto. Con el tiempo, la experiencia me fue dejando claro que el dinero no caerá a mis pies como las hojas del árbol de mango ni aprenderé a organizarme de repente porque ya soy mayor. Con el tiempo supe que no basta con tener una idea, que hace falta trabajar duro sin importar las condiciones y que, si el año es el tiempo establecido para lograr una meta, a menudo mis años serán de 1095 días. Y, con el tiempo, verifiqué que levantarse tras cada caída era el mejor de los consejos; porque solamente yo me avergonzaba de mis fracasos, pero a nadie que tuviera la mente en su lugar y poco tiempo que perder le interesaban, a menos que quisiera usarlos para motivarme.

Quería cumplir dieciocho años para empezar a hacerme cargo de mi vida, para empezar a planificarla yo misma. Quería sentirme mayor y libre de dar explicaciones sobre mis decisiones. Por suerte o por desgracia, la independencia me llegó antes y tuve que improvisar sobre la marcha, aunque en realidad nunca me ha faltado nada básico. Creo que sólo quería poder hacer únicamente lo que me agradara, ser libre y feliz.

Ahora, con más de dieciocho, hecho la vista atrás y a veces el deseo es volver a tener quince o doce para hacer tonterías sin la más mínima preocupación por las obligaciones de mañana. Ahora me miro y mientras la gente a mi alrededor bebe, bebe y vuelve a beber, literalmente, como los peces de la canción, descubro que en realidad siempre he hecho precisamente lo que he querido porque nunca se me ha obligado a quedarme en casa ni a tener mi pelo afro fosco y enmarañado; yo he decido hacer y ser así: soy libre.

Se acerca el 2021 ¿un año más o un año menos? Concluyo que todo suma, un año más de experiencias adquiridas y un año más de experiencias por vivir.